sábado, 3 de abril de 2010

"Leal"

Como ya dije, este final de semana prolongado está siendo una verdadera bendición porque, como ya hice todo lo que tenía que hacer antes, ahora tengo los tres días enteritos para relajarme y escribir, que es lo que más amo en esta vida. En verdad no estaba pensando postear otra historia esta semana, pero cuando terminé de escribir "Leal", me pareció que ustedes iban a querer conocerla. Esta no forma parte de ningún desafío lanzado por mis alumnos, sino que es una historia real que sucedió hace un par de años y que me pareció digna de ser registrada y publicada. Cuando la léan van a entender por qué. Entonces, aquí vá:


Me quedaba mirando a aquel perro echado en el medio de la calle, solo y con ese aire de quien está esperando algún acontecimiento extraordinario -que para él sería la llegada de su dueño, como para cualquier perro- y no podía evitar peguntarme cuál sería su historia, pues era un animnal tan peculiar que obviamente debía tenerla. Cada día lo encontraba, infaliblemente tendido bien en el medio de la calle, cuando iba y volvía de mi trabajo y, mismo que lo llamara y hasta le ofreciera uno de mis famosos bizcochos, el continuaba ignorandome olímpicamente. Era como si nadie existiera a su alrededor, como si todo lo que importaba fuera aquel acontecimiento por el que aguardaba con una lealtad más que perfecta... Fuí quedandome con tanta curiosidad respecto a él que, indagando aquí y allí con los vecinos, acabé descubriendo que, en realidad, no tenía ni casa ni dueño, pues la familia a la cual pertenecía se había mudado para otro barrio y, simplemente, lo había abandonado sin el menor escrúpulo o remordimiento. Sin embargo, el pobre can, ignorante de la cruel decisión de sus dueños, continuaba clavado allí, delante del portón de su antigua casa, esperando que ellos aparecieran a buscarlo... Bajo lluvia o bajo sol, de noche o de día, allí estaba él, ojos brillantes fijos en el portón, cuerpo alerta a cualquier señal de movimento o sonido. Era conmovedor y al mismo tiempo indignante, pues nada podíamos hacer, ya que él rechazaba o ignoraba cualquier aproximación.
Sin embargo, no se sabe por qué, el can empezó poco a poco a interesarse por el ir y venir de una van verde que salía todos los días temprano a recoger estudiantes y retornaba al fin de la tarde, habiendo entregado a los niños en sus casas, y pasó a esperarla todos los días, haciendo una fiesta cada vez que aparecía en la esquina y venía a estacionar delante del portón después de terminado su recorrido diario. De repente, este vehículo pareció volverse el centro de su existencia, nadie entendía por qué... El chofer -y nuevo habitante de la casa donde el perro había vivido, lo que nos dió una explicación bastante razonable para su comportamiento- no le daba la menor atención a pesar de todas las cabriolas, pulos, ladridos y frenéticos menéos de rabo con que el pobre perro lo recibía cada vez que estacionaba y bajaba del vehículo. Créo que, de alguna forma, el animal volvió a sentir que tenía un dueño, mismo si no podía entrar en la casa y era obligado a vagar por los alrededores y revolver las latas de basura para no morirse de hambre... A veces el hombre, tal vez compadecido o conmovido por la fidelidad del can, le tiraba unas sobras, pues a pesar de no demostrarle afecto, parecía una buena persona, y esto era suficiente para que el perro permaneciera allí... Y, como antes, no estaba en absoluto interesado en el resto de la humanidad, no tenía ninguna intención de hacer amistad ni con las personas ni con los otros perros que eventualmente aparecían en la calle. El, sencillamente, los ignoraba con los aires de un rey. Sólo tenía ojos para el hombre de la van verde, mismo percibiendo que éste no correspondía a su fidelidad y afecto. Era humilde y carente lo bastante como para aceptar alegremente las migajas de simpatía que él le dispensaba, y el trauma de su repentina pérdida lo hacía agarrarse desesperadamente a la única imagen familiar ligada a lo que todavía consideraba su hogar... "Será que el antiguo dueño también tenía una van?", me preguntaba, afligida.
Otra cosa que me preocupaba constantemente era esa su manía de echarse al sol justo en el medio de la calle, como si fuera su dueño. Quien vivía cerca, al llegar cerca de la casa disminuía la velocidad y desviaba, sabiendo que él estaría tendido allí, pero un día, algún chofer que no supiera podría atropellarlo y con certeza el hombre de la van no tendría cómo socorrerlo, pues créo que para él bastaba apenas no dejarlo morir de hambre delante de la vecindad.
Todos los días yo pasdaba y me quedaba mirándolo por algunos minutos, trataba de hablar con él, de travar amistad, de seducirlo con mis bizcochos, pero nada fuera el vehículo verde parecía tener alguna importancia para aquel perro... Entonces, yo continuaba mi camino hacia mi trabajo, o para mi casa, tejiendo mil conjeturas sobre lo que podría haberle ocurrido a sus dueños para largarlo así, de la noche para el día.
Las cosas continuaron así hasta que salí de vacaciones y permanecí un mes bronceandome en las limpias y cristalinas playas de Bombinhas. Cuando volví y pasé por aquella calle a camino de mi trabajo percibí, preocupada, que el animal no estaba más allí. Inmediatamente pensé que mis temores se habían vuelto realidad y que algún coche lo había atropellado... Se me encogió el corazón, me faltó el aire. Aquello me pareció la mayor de las injusticias! Un animal así tan noble y fiel tener un fin de esos!... Angustiada, casi llorando, fuí directamente a la casa del dueño de la van, toqué el timbre y esperé, retorciendome las manos, que alguien viniera a atender. Y fué justamente él quien vino, con su andar lento y pesado, una amable sonrisa en su faz morena de pequeños ojos obscuros. Así que me vió, irguió una mano y me saludó, acentuando la sonrisa... Esa simpatía toda sería para esconder alguna mala noticia?, me pregunté, más afligida aún.
Pero el hombre -de quien ni sabía el nombre todavía- llegó junto al portón, lo abrió y salió a la calle con un aire tan tranquilo y abierto que deducí que las noticias no eran malas. A lo mejor eran lo opuesto.
-Hola, cómo está usted?...- lo saludé, medio sin gracia, pero yo sabía que él sabía por qué estaba allí, entonces decidí relajarme y ser sincera y directa -Será que usted sabe, por acaso, que fué del perro que vivía echado ahí en el medio de la calle, frente a su casa?... Puchas, me quedaba tan preocupada con esa costumbre que tenía de tenderse justo en el medio del asfalto! Y si alguein no lo vé y pasa por encima?...
El hombre abrió más la sonrisa, y un chispazo de divertida indulgencia pasó por sus ojos. Créo que se dió cuenta de que se encontraba delante de un alma totalmente franciscana.
-Es verdad, hasta yo mismo me preocupaba viendolo echado ahí- dijo, con extremada gentileza.
-Eso mismo... concordé, empezando a impacientarme -Entonces...? Usted no sabe...?
-Eso mismo.- repitió, medio burlón -Y tan preocupado estaba que pesqué ese perro loco y lo llevé a la hacienda de mi hermano, que estaba necesitando un perro para cuidar la casa- dijo, de una vez, y se quedó observandome con expresión de triunfo.
-Puchas, no le créo!...- exclamé, genuinamente aliviada y feliz -Usted hizo eso mismo?...
El hombre se revolvió, entre embarazado y lisonjeado, y me dió una ojeada de cumplicidad que me hizo comprender la verdadera naturaleza de su corazón. Era una persona realmente buena y otro fuerte candidato para mi altar de santitos anónimos.
-Sabe, señora, me quedé tan enojado cuando me contaron lo que los antiguos dueños hicieron con este perro, que tuve la intención de adoptarlo inmediatamente... Un animal fiel así no merece ese tipo de tratamiento, no es verdad? Ellos no supieron darle valor, pero yo no lo iba a dejar botado en la calle... El problema es que mi hijita tiene alergia de pelos de animal, sino tendríamos una docena de gatos y perros, entonces no pude llevarlo para dentro de la casa... Pero créame que perdí algunas noches de sueño tratando de saber qué era lo que iba a hacer con el can... Hasta que, conversando un día con mi hermano, él me dijo que estaba necesitando un perro para cuidar la casa de la hacienda... Listo, estaba ahí la solución! Como el animal me quería tatno, no tuve el menor problema para pescarlo y ponerlo dentro de la van... Hizo una fiesta que sólo viendo! Pobrecito, finalmente iba a tener un hogar y dueños que lo quisieran de verdad!... Porque mi hermano es tan loco por perros como yo, sabe? Entonces no podía dejarlo en mejores manos, usted no piensa igual?... Será que hice lo correcto?...- inquirió de repente, medio inseguro -Y si los antiguos dueños inventan aparecer por aquí?...
Yo me quedé mirándolo durante algunos segundos, encendiendo mentalmente la velita para este nuevo santito en mi altar, y me dieron ganas de arrojármele al cuello y llenarlo de besos y lágrimas.
-Imagínese!... Qué antiguos dueños, qué nada! Esos ahí son más animales que un perro!... Usted hizo lo correcto, no se preocupe. Esa era la recompensa justa para un animal como ese.- dije, sintiendo que mi corazón estaba leve y agradecido y que el mundo era mucho mejor porque este hombre existía en él.
Nos despedimos educadamente, conteniendo nuestras emociones -a final de cuentas, ni siquiera sabíamos nuestros nombres!- y cuando estaba atravesando la calle para seguir mi camino, él me llamó de nuevo:
-Señora!...- yo me detuve y giré hacia él. Había dado unos pasos en mi dirección y sonreía como un chiquillo -Se llama "Leal"... el perro...- dijo en voz bajita, como si fuera nuestro secreto -Yo le puse ese nombre. Le cae bien, no es verdad?...
Yo asentí, sonriendo también, y me despedí de nuevo, virando la esquina al tiempo que soltaba un enorme suspiro de felicidad.
-"Leal"...- dije bajito -Si existen ángeles de la guarda para perros, tú tienes uno sensacional...- y agregué, acelerando el paso y dando una furtiva mirada hacia el cielo: -Es verdad, a tí te gustan todos sin distinción... Ni perro huacho escapa de tu amor!...