Bueno, como ya lo dije, esta es la última historia enviada por mis alumnos que publico. A partir de la próxima vez, los cuentos serán de mi autoría, pues por lo que parece, "desencanté" y estoy llena de ideas para desarrollar. Creo que estar finalmente en un lugar propio, con un computador sólo mío y todo el tiempo del mundo -entre una tarea doméstica y otra, claro- destrabó a mis musas ¡y ellas están con todo!... Espero que disfruten este último cuento ¡y que les gusten mucho más los míos!...
Renato conoció a Tatiana un viernes al atardecer, cuando entró en un barcito del centro después de terminar su conferencia en el salón de eventos del hotel donde estaba hospedado. Los amigos lo habían invitado a tomarse una cerveza en el bar del hotel, pero él prefirió salir a caminar un poco, alejarse del torbellino de ejecutivos, practicantes, ganaderos y dueños de haciendas y disfrutar de lo que esta nueva ciudad tenía que ofrecer. Siempre que viajaba y llegaba a un lugar que no conocía cumplía primero con sus obligaciones profesionales y después se permitía un relajante paseo por las calles del centro para conocer el comercio,los restaurantes, las tiendas y bares, donde generalmente entablaba alguna conversación interesante con algún habitante local. Le gustaba conocer las historias, los personajes y la idiosincrasia de cada lugar que visitaba, pues se sentía fascinado por la diversidad de cada uno de ellos.
-¡Este país es la cosa más interesante que existe!- solía comentarle a sus colegas -Uno nunca sabe lo que va a encontrar en la próxima ciudad que visite.
Ese viernes se sintió más cansado que de costumbre, pues la presentación fue llena de preguntas e interrupciones y flotaba en el aire una inquietud que terminó por contagiarlo, haciéndolo perder su habitual serenidad. El público, formado por dueños de haciendas y empresarios ansiosos y con muchas dudas, quería que fuera a las propiedades para ver de cerca la situación, como si eso ayudara a encontrar soluciones más rápidas y efectivas para sus problemas. Recibió numerosas propuestas, pero las recusó todas, pues su trabajo no era ese y, fuera eso, tenía que cumplir una agenda pre establecida por su empresa, por lo tanto no podía quedarse más de lo previsto en cada ciudad. Por eso,escogió ese bar cerca del hotel, pues le pareció discreto y tranquilo. Realmente, no estaba con ganas de fiestear.
Entró con pasos lentos y fue hasta el mesón, donde un hombre delgado y alto limpiaba unos vasos con un trapo húmedo. Se detuvo delante de él y se sentó en uno de los banquillos de cuero rojo.
-Por favor, véame un whisky con hielo.- le pidió, con una sonrisa cansada.
-Inmediatamente, señor- dijo el barman, sonriendo gentilmente, y fue hasta el estante a buscar la botella.
Mientras tanto, Renato le dio una ojeada al local, que aún estaba casi vacío: paredes rojo oscuro, mesas y bancos de madera clara con manteles escoceses, pequeñas lámparas esparcidos encima de las mesas, algunos cuadros mostrando los tipos de bebidas y porciones que se servían en el establecimiento,un arreglo de velas y flores en una botella encima de cada mesa, piso de madera brillante. Una suave música en el aire, una agradable penumbra que invitaba a la conversación y el relajamiento... A Renato le gustó. Le dio otra mirada al lugar y fue entonces que vio a Tatiana, sentada sola en una de mas mesas del fondo, con un vaso de jugo en una mano y un libro abierto encima de la mesa. Inmediatamente, sus ojos se detuvieron en ella: tenía cabellos oscuros y largos, facciones delicadas y una boca pequeña y sensual levemente coloreada de rojo. Aros discretos, pulsera plateada, terno negro y blusa rosada, combinando con los zapatos. Renato quedó encantado por aquella figura solitaria en el rincón del bar y cuando el barman puso su trago en el mesón, él se volvió y preguntó, sintiendo, para su sorpresa, que su corazón palpitaba con fuerza:
-Disculpe, ¿usted conoce a esa chica sentada allá en el fondo?
El hombre miró hacia donde él le indicaba, frunció las cejas, pensó un poco y finalmente respondió, chasqueando la lengua:
-Nao, joven, no la conozco.- y agregó, iniciando una sonrisa de complicidad: -Pero ella viene todos los días a esta hora. Yo creo que estudia en la universidad que queda aquí cerca.
-¿Verdad?...- replicó Renato, sin quitar los ojos de la muchacha, bebiendo su whisky con aire distraído -¿Será que...?
-Nunca la vi acompañada.- afirmó el barman, con aire conspirativo, como si hubiera leído sus pensamientos.
-¿Verdad?- repitió Renato, mirándolo con repentino interés -¿Y usted sabe algo más sobre ella?
Sintiéndose importante, el barman se inclinó hacia Renato, apoyándose en el mesón, y le secreteó al oído:
-Yo creo que está estudiando para profesora. Siempre anda con unos libros enormes sobre pedagogía y esas cosas. A veces aparecen unos colegas y se quedan en la mesa conversando de pruebas y prácticas.
-Entonces debe estar en el último año- concluyó Renato, bebiendo otro trago y mirando disimuladamente a la muchacha, que parecía totalmente abstraída en su lectura. En seguida, se viró hacia el barman y preguntó: -¡Usted cree que tengo alguna oportunidad con ella?.
Este sonrió con malicia y le dio unas palmaditas en el hombro.
-Arriésguese, joven, la muchacha vale la pena. Y después, lo peor que le puede pasar es que ella lo mande a pastar y usted se quede aquí bebiendo solo.
Renato sonrió, conquistado por la simpatía del hombre y, tomando aliento, le guiñó un ojo y se dirigió hacia la mesa donde Tatiana estaba sentada. El barman le hizo una seña de positivo con la mano y volvió a limpiar sus vasos, pero sin quitarle los ojos a la pareja. Tenía curiosidad de saber en qué iba a terminar aquel encuentro.
Renato llegó junto a la mes y se detuvo, esperando que la muchacha lo notara, pero ella estaba tan compenetrada en su lectura que ni se dio cuenta de que él estaba ahí. Se llevó el vaso a los labios y sorbió lentamente su jugo, se arregló una mecha de pelo que le había caído en la frente y suspiró. Renato contemplaba cada pequeño gesto suyo en fascinado silencio, y las cosas habrían continuado así si no fuera porque un estruendo sacudió el local. Ambos dieron un salto y miraran hacia el mesón, donde el barman acababa de derribar una pila de latas de cerveza.
-¡Disculpen!...- exclamó este, todo confuso -¡Se me resbalaron!...- y se rió, mostrando las manos, pero Renato pudo percibir la rápida mirada de complicidad que le dirigió.
Tatiana se dio cuenta entonces de que Renato estaba a su lado y, un poco sorprendida, lo saludó con una sonrisa y un breve "hola".
-¿Será que puedo sentarme un momento?- preguntó él, tratando de no parecer lanzado. Interiormente rezaba para que ella no pensara que se trataba de una actitud de conquistador barato.
Ella lo miró por algunos segundos, como que evaluándolo, y pareció esbozar una negativa, pero lo reconsideró y, cerrando su libro, asintió con la cabeza. Renato respiró, aliviado, depositó su vaso en la mesa y apartó el banquillo.
-Con permiso.-dijo, pulidamente, a lo que ella respondió con una suave risa que lo dejó todavía más encantado -¿Cuál es su nombre?
-Tatiana. ¿Y el suyo?
-Renato.
De repente, él tuvo miedo de no tener nada sobre que conversar con ella y que la cosa se acabara allí mismo. Se sintió inseguro y nervioso como nunca antes y se revolvió en el banquillo, buscando alguna cosa inteligente para empezar la conversación. El silencio se volvía más incómodo a cada momento. Renato empezó a sudar.
-¿Usted es de aquí?- preguntó entonces Tatiana, sonriendo. Transmitía una serenidad contagiosa.
-No, estoy en negocios.- respondió él, empezando a relajarse -Vine a dar una conferencia en el hotel Luxor.
-¿Conferencia sobre qué?- ella parecía genuinamente interesada, lo que animó a Renato.
-Sobre agronomía.
-¿Usted es agrónomo? Qué interesante, ¿y cuál es su área?
-Desarrollo de semillas. Cómo reproducir, cómo mejorar, plantar y comercializar.- explicó él, confiado, reflejándose en los ojos oscuros de Tatiana.
-¿Y viaja mucho?
-Constantemente. Yo vivo en Santiago, pero trabajo para una multinacional, entonces están siempre mandándome para otras ciudades a divulgar los productos y la tecnología.
Ella se rió, recostándose en la pared.
-¡Puchas, entonces usted debe sufrir a mares cuando viene a estas ciudadecitas del interior!.
El se enderezó en el banquillo, temiendo haberla ofendido, y adquirió un aire de disculpa al responder.
-¡No, imagínese! ¡Me encantan las ciudades chicas! Tienen algo tan especial...
-Sí, claro...- lo interrumpió ella, irónica -Tierra, tiendas siúticas, caballos en la calle, una única video locadora con filmes viejos, paralelepípedos, un grupo de viejos conversando y jugando dominó y un montón de perros rascándose al sol - y se volvió a reír, divertida con la expresión afligida de Renato.
-No, créame, nada que ver. Me gusta conversar con las personas y conocer la historia del lugar, recorrer las calles visitar las iglesias y los cementerios...
-¿Cementerios?- lo interrumpió ella, sorprendida -¿Qué es lo que encuentra de interesante en visitar un cementerio?
El la miró un momento antes de responder. De cerca era más bonita todavía.
-Hay muchas historias allí dentro. Uno puede deducir o imaginar mucha cosa estudiando las tumbas, ¿sabía?
Ella se puso seria de nuevo y apoyó los codos en la mesa. Ese joven era mismo diferente, o entonces el más ingenioso conquistador barato que ya había conocido.
-Por lo que veo, a usted le gustan las historias.- dijo, mirándolo con un nuevo interés.
-Me encantan, ¿ y a usted?
-Me gustan, pero prefiero las que tiene números.
-¿Números?...
Entonces, ella tomó el libro que estaba a su lado y lo abrió.
-Matemáticas- explicó, mostrándole algunas páginas llenas e números y cálculos -Me encanta la matemática. Estoy en el último año de la universidad.
-¿Va a ser profesora?
Ella negó con la cabeza.
-Pretendo hacer doctorado y trabajar en pesquisas especiales- respondió con firmeza, como si recelase que él no lo aprobara.
-¡Puchas, entonces usted es genial!- exclamó él, admirado.
Ella sonrió, lisonjeada, y bebió un trago de jugo.
-Para que vea usted...- expresó, mirándolo con un aire desafiante - ¿Ahora está arrepentido de haber venido a conversar conmigo?
-¿Por qué dice eso?...
Ella pareció un poco disgustada y suspiró.
-Porque a nadie le gusta una mujer genial, demasiado inteligente.
Ahora fue la vez de que él se riera.
-¿Por qué yo iba a querer conquistar a una descerebrada?- exclamó, pero se calló en seguida, percibiendo su gafe.
Ella se quedó mirándolo en silencio, pues también se había dado cuenta de su desliz y ya estaba empezando a pescar sus cosas para irse, cuando él la detuvo.
-Por favor, no se vaya- dijo, sujetándole del brazo - No soy lo que está pensando. Discúlpeme...
-Usted mismo acabó de confesarlo- le cortó ella, con frialdad -Debe rematar una conquista en cada ciudad que visita, ¿no es verdad?
-¡No, eso no es verdad!... Me gustaste desde el primer momento en que te vi sentada aquí. ¡Te lo juro! No estoy intentando hacer nada deshonesto... Por favor, créeme- suplicó él, verdaderamente compungido -La última cosa que quería era ofenderla...
Ella titubeó algunos momentos más, pero alguna cosa en el tono de Renato, en su mirada, su toque, acabó por convencerla a quedarse. Volvió a sentarse, dejó la bolsa y el libro y se quedó mirándolo en silencio, como estudiándolo.
-Gracias.- murmuró él, sonriendo aliviado.
-Sólo espero no arrepentirme después- dijo Tatiana, aún seria. Pero en seguida abrió una sonrisa que espantó aquel clima tenso como un viento que barre las nubes para que el sol brille nuevamente.
Entonces, una vez vencidas las desconfianzas, pasaron el resto de la velada conversando animadamente, riendo, intercambiando historias y experiencias, contando sus planes y algunos secretos. El barman, muy feliz, les sirvió más jugo y las porciones que eran la especialidad de la casa, pero ellos estaban tan envueltos en la conversación, llena de miradas y toques de emoción, que mal tocaron los platos.
Cerca de las diez de la noche, Tatiana se acordó de repente que había quedado de encontrar a su papá en el terminal a las diez y quince y que casi no tendría tiempo de llegar. Se levantó apresuradamente, pescó sus cosas y empezó a despedirse.
-Desgraciadamente, me voy a tener que ir. Mi papá ya debe estar en el terminal esperándome- dijo, un poco triste, con ese presentimiento de que todo terminaba allí tomando cuenta de su corazón -Es una pena, pero... Creo que no nos vamos a ver de nuevo- concluyó, extendiendo la mano hacia él en un gesto extrañamente formal.
Renato se levantó también, sintiendo que la situación se le escapaba de las manos y que estaba a punto de perder a Tatiana. Su corazón palpitaba, desbocado, negándose a aceptar tal fato. Entonces decidió arriesgarse.
-¿Podemos encontrarnos mañana en la noche aquí mismo?...- le pregunto de sopetón, sosteniendo la mano de la muchacha con inesperada fuerza. Y como ella demostró duda, él insistió, con más intensidad -Por favor.
Ella dudó todavía, pero terminó por concordar. Su corazón tal vez no estuviera engañado y Renato era mismo diferente. Quizás valiera la pena confiar en él y arriesgarse.
-¿A qué horas mañana?- preguntó entonces, empezando a alejarse hacia la salida.
-¿Ocho y media está bien para ti?
-Estupendo... Nos vemos mañana entonces- dijo ella abriendo la puerta y saliendo.
A Renato le dieron ganas de seguirla, o de ir a la calle y quedarse mirándola hasta que desapareciera, pero se contuvo y volvió al mesón para pedir otro trago.
-Resultó la cosa, ¿hey?- comentó el barman, esbozando una sonrisa traviesa -¡Esa ahí no la pierde, joven!- exclamó, llenándole el vaso.
-Espero que no.- dijo Renato en voz baja, sin llevar en cuenta el doble sentido de las palabras del hombre, que ya debía haber presenciado centenas de encuentros parecidos. Pero en este caso, no se trataba de algo pasajero y vulgar. Renato tenía la sensación de que había sido pescado y de que no sacaba nada con luchar contra ese sentimiento.
-¿Es amor?...- murmuró mientras bebía el último trago. No tenía certeza, pero sabía que era algo diferente de todo lo que había sentido hasta entonces. Y también sentía que valía la pena invertir en esa relación.
Mal consiguió dormir y se levantó temprano, bajó para desayunar y salió para dar una vuelta. Su presentación empezaba a las tres de la tarde, entonces tenía tiempo de sobra para prepararse. Fue a la iglesia, fue al pequeño mall de tiendas en su mayoría siúticas y anticuadas, en una locadora que sólo tenía películas viejas y en un kiosko de diarios. Se sentó en la plaza para leer, pero en vez de eso se quedó observando a los perros tendidos rascándose al sol y a los viejos conversando y jugando dominó alrededor de una mesa, a los caballos que pasaban por la calle levantando polvo y los paralelepípedos que adornaban la vereda de la plaza... Todo le recordaba a Tatiana, no conseguía pensar en otra cosa. Sólo esperaba que esto no perjudicara su conferencia.
Pero, como siempre, su profesionalismo venció y no tuvo ningún tropiezo en la presentación, después de la cual regresó a su cuarto y decidió recostarse un poco, pues quería estar bien dispuesto para su encuentro en la noche. También era una manera de que el tiempo transcurriera más rápidamente. Pidió que lo despertaran a las siete de la noche. Tendría tiempo de tomar una ducha y de cambiarse con calma, tal vez hasta para ir a la florería vecina al hotel para comprar un pequeño buqué para Tatiana. Con certeza, le iba a encantar.... Y así, con todo planeado, se tendió y en poco tiempo dormía profundamente.
Puntualmente a las siete el teléfono tocó. Era el gerente para despertarlo. Renato saltó de la cama, fue a la ducha, donde se demoró más que lo habitual, se secó, se afeitó cuidadosamente, pasó gel en el palo, se puso una discreta loción pos barba y volvió al cuarto para vestirse. Bueno, en realidad ni tenía mucho de donde escoger, pues fuera los dos ternos y el par de zapatos negros que usaba para las presentaciones, sólo tenía blue jeans, camisetas e zapatillas. Pero prefirió ser formal y terminó poniéndose uno de los ternos, con la corbata y todo, y hasta un pañuelo en el bolsillo de la chaqueta. Así vestido, se miró en el espejo y suspiró.
-¡Puchas, hasta parece que voy a proponerle matrimonio a la muchacha!- dijo, juguetón.
Sonriendo ante su propia ansiedad, se metió la mano al bolsillo para conferir si la billetera estaba allí y finalmente salió y bajó al hall. Dio una mirada al reloj y vio que todavía le restaban algunos minutos para ir a la florería. Salió rápidamente por la puerta giratoria y entró en la tienda, que quedaba al lado del hotel. Sin dudar escogió un pequeño ramillete e rosas de varios colores, envueltas en celofán, pagó y se dirigió al bar con pasos decididos... Miró nuevamente el reloj. Llegaría exactamente a la hora combinada.
Cuando abrió la puerta de bar, el hombre del mesón parecía estar esperándolo, pues de inmediato le brindó su mejor sonrisa y ya fue a prepararle un trago. Renato lo saludó y se fue a sentar en la misma mesa que Tatiana y él habían ocupado la noche anterior.
Sin embargo, se tomó el primer trago, el segundo, y ya se preparaba para beber el tercero y Tatiana no aparecía todavía. Renato miraba incesantemente su reloj y una enorme angustia tomaba cuenta de él, pues el tiempo transcurría, implacable, y la puerta del bar no se abría para mostrarle la figura que tanto ansiaba ver. Entraron algunas personas: dos hombres, un grupo de estudiantes, una mujer sola, un señor de edad que se sentó en el mesón y se quedó sorbiendo su cerveza y observando a los clientes como si estuviera haciendo una evaluación de cada uno... Pero Tatiana no apareció. Después de una hora de espera, Renato le dirigió una mirada de desesperación y decepción al barman, y éste le respondió encogiéndose de hombros. Tampoco sabía lo que había sucedido.
Mil preguntas y conjeturas pasaban por la cabeza de Renato mientras estaba sentado en el banco, rodeado por la acogedora penumbra del local. ¿Será que todo había sido una jugarreta? ¿O será que simplemente quiso vengarse porque pensó que él solamente estaba pensando aprovecharse de ella? ¿A final de cuentas, habría sido todo pura actuación? ¿Será que ella era tan correcta como parecía o era del tipo que suele congraciarse con el primero que aparece para después darle una patada?... Ta vez no le había creído cuando se disculpó y quería darle el vuelto dejándolo plantado allí la noche entera... Haciendo rodar nerviosamente el vaso en la mesa, Renato se debatía entre mil teorías, tratando de llegar a alguna conclusión que explicara el comportamiento de Tatiana, pues no le había parecido una joven liviana. Por fin, le dió una última mirada al reloj -¡Ya eran más de dos horas de atraso!- bebió el último trago y se levantó de la mesa, dispuesto a mandarse cambiar y olvidarse de este desagradable incidente.
-Soy un idiota.- murmuró, buscando su billetera en el bolsillo -Las personas del interior son tan fútiles y superficiales como las de la capital.
Pero cuando estaba yendo hacia la caja para pagar su bebida, la puerta del bar se abrió y entró Tatiana. Renato estacó en el medio del recinto y se quedó mirándola. Estaba todavía más bonita que la noche anterior, pero parecía de alguna forma diferente, más vivaz, riendo en voz alta, con el cabello preso en un moño adornado con presillas coloridas y un maquillaje cargado, aros largos y un pantalón jeans desflecado, camiseta con un dibujo d lentejuelas, muchas pulseras y anillos y unos zancos con tiras brillantes... Renato se quedó paralizado, sin creer en lo que estaba viendo. ¿Cómo podía parecer tan diferente de ayer? Le dio una rápida mirada al barman, pero él estaba tan perplejo cuanto él... Luego atrás de Tatiana entró un ruidoso grupo de jóvenes, del cual ella formaba parte y, al final, corriendo y riéndose, apareció un joven de pelo largo y chaqueta de cuero, que fue hacia ella y la abrazó.
-¿Estabas tratando de huir de mí?- exclamó, besándola.
Ella soltó una carcajada y lo empujó, coqueta.
-¿Yo?... ¡Imagínate, ni que quisiera!- respondió colgándosele del cuello.
En seguida, el animado grupo se dirigió hasta una mesa y pidió la atención del garzón con silbidos, gritos y golpes en la mesa.
Lo que más espantaba a Renato era el hecho de que ella ni siquiera lo buscó con los ojos cuando entró. ¡Era como si él ni estuviera ahí! La indiferencia de Tatiana era realmente indignante. Si quería humillarlo y hacerlo pagar por su supuesta osadía ayer, había encontrado la manera cierta Renato tenía ganas de que la tierra se abriera y se lo tragara hasta el fondo del infierno, de donde jamás pretendía volver. ¿Pero cómo pudo haberse engañado tanto con ella? ¿Era así mismo, esa muchacha desinhibida y desordenada, o era aquella otra discreta y seria que quería hacer pesquisa espacial?... La cabeza de Renato estaba dando un nudo. El frío de la decepción congeló su corazón, haciéndolo sentirse más idiota aún, y decidió salir de allí antes de que ella inventara aproximarse para avergonzarlo más todavía. Le dio una última mirada, justo en el momento en que ella se recostaba en el pecho del chico de pelo largo, y se dirigió a la caja, reteniendo su rabia y su despecho. Pagó sin decir una palabra, se encaminó hacia la puerta, la abrió con fuerza y se dispuso a salir, pero chocó de frente con otra persona que venía entrando. Tuvo que apoyarse en el dintel para no caer mientras veía una pila de libros desparramarse por el suelo, pegándole en las piernas y píes. La persona que se había estrellado con él se agachó rápidamente y empezó a recoger los libros. Renato la miró y vio una cascada de cabellos negros y sedosos cubriéndole los hombros y el rostro.
-Ay, perdone, joven...- dijo la mujer en tono compungido -Es que estoy súper apurada... ¡Ni lo vi saliendo!
Renato pestañeó y se enderezó. Aquella voz... ¡Él conocía aquella voz!... Inmediatamente se volvió hacia el interior y miró hacia la mesa donde Tatiana y su grupo continuaban haciendo bulla. En eso, la muchacha terminó de recoger sus libros y ya estaba de pie delante de él. Renato se volvió hacia ella y pestañeó de nuevo.
-¡Tú!...- tartamudeó, volviendo a mirar a la mesa -Pero... Tú...
Era Tatiana.
-¡Por favor, perdóname!...- exclamó ella, aún jadeante y agitada -Ocurrió un imprevisto y no pude llegar antes... ¡Por favor, perdóname!
Renato se volvió hacia ella y se quedó contemplándola, sin decir nada. El hombre atrás del mesón abrió los brazos e hizo un gesto de "¡no entiendo nada!".
Tatiana miró a Renato, que la observaba con semblante serio y cerrado e, tomándolo del brazo, lo llevó de vuelta al interior del bar.
-Mira, te lo puedo explicar, ten paciencia conmigo... Yo no contaba con...
-¡Espérate un poco!- la interrumpió Renato, deteniéndose bruscamente, y apuntando hacia la mesa donde la "otra" Tatiana se encontraba, agregó -¿Qué es eso?... ¿Quién es ella?... ¿Tú podrías...?
Tatiana se empinó para mirar sobre su hombro, y cuando vio la escena que él apuntaba hizo un gesto de sorpresa y abrió la boca como para decir algo, pero en seguida soltó una risa y empezó a caminar hacia la mesa.
-¡Ah, eso!...- exclamó, pescando a Renato de la mano y llevándolo con ella.
-¿Pero qué...?- protestó él, reacio.
Cuando llegaron junto a la mesa, Tatiana se inclinó y tocó el hombro de la chica sentada en la falda del muchacho de pelo largo y dijo, sonriendo:
-¡Hola, mana!... ¿Cómo estás? ¿Aprovechando la happy hour?- en seguida se irguió y extendiendo la mano hacia Renato agregó, muy formal: -Renato, conoce a Livia, mi hermana gemela.
Esta lanzó un grito de alegría y se arrojó al cuello de Tatiana, que la abrazó con algo de reprobación.
-¿Tu hermana gemela?...- repitió Renato, totalmente perdido -Pero tú no me dijiste... ¿Y por qué te demoraste tanto? Ya estaba pensando que ella... Que ella y él...- se confundió, apuntando al chico de pelo largo.
-El Rodrigo es mi pololo- explicó Lívia, volviendo a los brazos del muchacho. Y mirando maliciosamente a su hermana, añadió -¿Ese es tu pololo, manita?
Tatiana se puso roja hasta la raíz del pelo e hizo un gesto indefinido, pero no respondió. Renato la pescó del brazo y se alejaron de la mesa con un breve saludo de despedida.
-¿Me puedes explicar lo que pasó aquí?... ¡No estoy entendiendo nada!- le pidió, empezando a impacientarse con tanta confusión.
Entonces, ella lo llevó hasta una mesa pidió un jugo y un whisky para él y acomodando sus libros con estudiada lentitud, lo miró con gesto juguetón y le tomó la mano.
-Nunca saques conclusiones apresuradas- empezó, y Renato soltó u suspiro, empezando a relajarse -Llegué tan tarde porque tuve que ir a la universidad para rendir una prueba que estaba debiendo. La profesora me telefoneó hoy en la mañana para avisarme que dispondría de un horario hoy en la tarde para aplicarme la prueba. Era mi única oportunidad, caso contrario acabaría teniendo problemas en esa materia. Y como ayer nos despedimos con algo de prisa por causa de mi encuentro con mi papá, se me olvidó pedirte e número de teléfono, de manera que no tuve cómo avisarte sobre mi atraso- contó, calmadamente - Esa es mi hermana gemela que, como pudiste ver, es totalmente diferente a mí. Pero no te preocupes, mucha gente ya se confundió por eso...Por suerte, siempre conseguimos aclarar todo.
-¡Puchas!...- exclamó Renato, esbozando una sonrisa medio avergonzada -¡Cómo fui estúpido al suponer que tú...!
Pero ella no lo dejó continuar e, inclinándose de repente, lo besó suavemente en la mejilla.
-¿Estás mejor ahora que sabes lo que realmente sucedió?- inquirió, con una pincelada de ironía en la voz.
-Por un momento me pregunté si no estaba volviéndome loco- comentó él, sonriendo -Pensé que estabas tirando una conmigo... Pero no podía haberme engañado tanto respecto a ti- murmuró, acercando su rostro al de ella -Tú eres exactamente como pensé.
El barman puso los cubos de hielo en el vaso con una amplia sonrisa de satisfacción en su rostro delgado, cortó una rodaja de limón, puso una cereza y en seguida derramó el licor transparente en el vaso. Pero esta vez no le entregó el trago a nadie. Levantando el vaso en el aire como si estuviera haciendo un brindis, se volvió hacia donde Renato y Tatiana intercambiaban secretos y cariños, y exclamó, para desconcierto de todos:
-¡A la verdad, porque siempre triunfa! - y se tomó el vaso de una vez.
Desde la mesa Renato se volvió y le guiñó un ojo, levantó su vaso también y brindó a la complicidad, a la verdad y al futuro que veía abrirse delante de él reflejado en los ojos oscuros de Tatiana.
Nenhum comentário:
Postar um comentário