domingo, 15 de março de 2015

"Más cuentos cortos"

    Y como anuncié ayer, aquí están los tres cuentos cortos que envié este año al concurso "Santiago en 100 palabras". ¡Espero que les gusten!... Sólo me permití unas pequeñas licencias y estos tienen algunas palabras más, aprovechando que ninguno de ustedes me va a descalificar por eso... Será que gano algo con ellos? Hay que esperar, no me queda otra.



Los justicieros.


Ya me cansé, todos los días es la misma historia: esos curados gritando, ensuciando, molestando a las personas con sus pedidos de limosna. Trajeron sus colchones inmundos y sus perros pulguentos, que se dedican a hacer hoyos en los jardines y a ladrarle a la gente que pasa. Deberían desaparecer, son una calamidad para la ciudad. ¡Y para colmo de males tenían que venir a instalarse justo donde yo vivo!... Lavan sus pilchas en las fuentes, dejan botellas y restos de comida desparramados por el pasto, cagan y mean en cualquier parte, dejando el lugar apestoso. ¡Ni puedo más sentarme tranquilo en mi banco a leer el diario!... Por eso con los chiquillos vamos a juntarnos hoy en la noche y vamos a sorprenderlos mientras duermen...



Padre e hijo


De la mano de su papá, el niño iba evidentemente emocionado. Tendría unos ocho o diez años, saltarín, cabello negro y rebelde, jeans, zapatillas nuevas, sweater y parca. Clase media. Agitado, casi tropezando con la multitud que a esa hora llenaba la calle. El padre caminaba apresurado, celular en el oído, sin prestar atención al chiquillo que, a cada rato, se maravillaba con alguna cosa y se la comentaba, todo animado: que las palomas, que el vendedor de maní, los edificios, las vitrinas, los perros... Pero no había reacción de parte del padre. El sólo continuaba caminando y hablando al celular. Y cuando cortó, siguió concentrado en algo más allá del paisaje y de la voz de su hijo.


Ciudad fantasma.


Los semáforos continúan funcionando, mismo si no hay autos en las calles. Los buses hacen su recorrido, casi vacíos. No hay bocinazos, frenadas, garabatos. Los kioscos ponen sus diarios, dulces y bebidas a pesar de que los paseos están desiertos. El reloj de la catedral anuncia el mediodía y las campanas redoblan, solitarias. Nadie les presta atención... Construcciones paradas, tiendas cerradas, ventanas silenciosas, avenidas sin tráfico, plazas lánguidas al sol, perros aprovechando la calma echados al calor. Se puede escuchar el susurro del viento, el canto de las fuentes, el vuelo de los pájaros... ¿Una ciudad fantasma?... Casi. Hoy es feriado en Santiago.

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