domingo, 26 de julho de 2015

Batiendo el record

    Como dije antes, un poquitín atrasada, pero aquí estoy con los cuentos que les anuncié. En realidad, tuve una "crisis" de inspiración y me mandé 11 de ellos en dos días, así que tengo material para unas dos o tres semanas, por lo que pueden ir reservando un tiempito para sentarse a leer los domingos. Y lo mejor es que mi mente no se ha cansado todavía, ¡entonces vienen más en camino!.



                                                       TEJADOS


    Luis dio vuelta la esquina, apoyándose en la pared de ladrillos para nao caerse. Atrás de él escuchava los pasos y las voces sofocadas de los pacos que le pisaban los talones. Ya no podía más. Venía corriendo desde el minimarket, a unas diez o quince cuadras, y parecía que el corazón se le saltaba por la boca y las piernas le temblaban por el esfuerzo. No sabía si se sentía asustado, enojado o frustrado. Tal vez una mezcla de los tres. Puchas, el "turnio" Díaz le juró que la cosa iba a ser fácil porque a esa hora no había nadie en el negocio y los empleados estaban relajados... Fácil, sí, claro. A no ser porque justo en ese momento pasaba una patrulla y los pilló in fraganti. Mala suerte nomás... Y ahora aquí estaba, arrancando por los callejones de la población con os pacos atrás. Escuchaba su propia respiración angustiada y sentía el sudor escurrirle por todo el cuerpo. Pero los policiales parecían dispuestos a seguirlo hasta el mismo infierno... Entonces tuvo una idea. Con sus últimas fuerzas dio un salto y se encaramó por una reja hasta el tejado de una casa. Ahí era fácil ir de tejado en tejado porque las casas estaban pareadas y podía usar las panderetas como puentes. A los pacos no se les iba a ocurrir mirar para arriba... Continuó corriendo y saltando, pero un poco más despacio, pues tenía que tener cuidado. Y de repente se fue fijando donde pisaba:  Había tejados de madera, de metal, de pizarreño, de tejas rojas o amarillas, cubiertos de enredaderas, botellas, pedazos de cartón, nidos viejos, zapatillas y latas. Hasta con una camiseta de fútbol y una televisión vieja se tropezó. Había cables, cañerías, tubos de chimeneas, millones de hojas secas y unos gatos sarnosos que salieron corriendo cuando lo vieron. Era curioso descubrir esa cara de las personas, porque los tejados parecían, en algunos casos, escondrijos de tesoros, en otros, basureros, depósitos de vergüenza, recuerdos y de frustraciones... Poco a poco fue parando, hasta detenerse por completo para mirar a su alrededor aquel océano de tejados pobres, sucios, olvidados, tristes y miserables y, a pesar de su cansancio y su miedo, sintió una puntada de pena delante de aquel paisaje, porque era el fiel reflejo de la vida sacrificada, violenta e derrotada que esta gente llevaba... Y de repente, cuando miró hacia abajo, se dio cuenta de que estaba en el tejado de su propia casa.




                                                 EL ESPEJO
  

    Rosalba siempre fue una mujer vanidosa. Era bonita, adinerada, culta, vivía en una casa grande, con jardines cuidadosamente diseñados y siempre floridos. Paseava por el centro perfumada y elegante, con guantes y sombrero para proteger su piel blanca e aterciopelada, siempre hablaba con una voz baja y gentil, y su sonrisa era capaz de iluminar cualquier lugar donde entrase. Pretendientes no le faltaban, pero a todos los rechazaba con un adorable gesto da su mano de uñas rojas y un discreto gesto de desprecio. Parecía que ninguno la merecía, ninguno era tan culto, tan rico, tan bonito, tan importante. Por lo menos eso era o que su espejo le decía todas las veces que ella se paraba delante suyo para apreciar su imagen. Pasaba largos minutos retocando el maquillaje, arreglando la ropa, cambiando el broche, los aros, los zapatos, el peinado, para que todo estuviera perfectamente combinado. Parecía una diosa, imponente, inalcanzable,  demasiado perfecta para los mortales... Y así andaba por el mundo y por la vida, exhibiendo la belleza y la superioridad que la naturaleza tan generosamente le había regalado, siendo fiel tan solamente a lo que su espejo le decía.
    Hoy vive sola, con una empleada de confianza y algunos gatos y perros. Continúa paseando por los jardines perfumados y tomando su té en las tazas de porcelana. Pero no sale a la calle y mucho menos se aproxima al espejo. Manó sacar todos ellos de la suntuosa casa que,  poco a poco se fue quedando fría e silenciosa. De amigo, confidente e consejero, este se volvió su peor enemigo, su verdugo. Su sentencia, de la cual no conseguirá escapar. Rosalba mantiene todas las ventanas abiertas para nao pasar delante de sus vidrios, pues nao quiere que el reflejo le grite lo vieja que está.




                                                             VIEJO MALO


    Puchas, el viejo se pasó. Esta última gracia suya fue la cereza de la torta. Nos jodió la vida entera y ahora se va así nomás, sin más, de repente, sin avisar. Mi mamá no tuvo tempo de contarle su secreto. Mi hermano no alcanzó a decirle que iba a ser abuelo. Mi otro hermano ni siquiera pudo mostrarle su diploma... Y a mí me robó la oportunidad de pedirle perdón y de admitir que tenía razón y que  su maldad consistía en ser justo y recto, lo que para nosotros era pura mala sangre... Viejo malo, egoísta, como siempre. Tenía que morirse así, de repente, y dejarnos a todos con las ganas de arreglar las cosas de una vez por todas?... Sin duda, este va a ser el velorio más frustrante de la historia.

    

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