Y como en un buen domingo ocioso que se precie, hoy me voy a dedicar a escribir, ¡porque ni almuerzo tengo que hacer!... Ya estoy con unas ideas nuevas para más historias, y como el próximo fin de semana no va a pasar nada porque voy a estar dedicada totalmente a regalonear a mi hijo, entonces aprovecho este ocio para producir y tener bastante material para la otra semana, cuando mi hijo se haya ido... Voy a estar medio triste, pero me voy a distraer posteando esas cuentos.
Entonces, aquí van los de esta semana:
DESPACIO
La Patricia era gorda. Muy gorda. Y lenta. Todo lo hacía despacio, como si tuviera que pensarlo detenidamente antes de hacer el siguiente movimiento. También hablaba lentamente, como masticando cada palabra, sintiéndole el sabor, la sazón, la textura. Para cualquier cosa había que llamarla con harta anticipación, sino llegaba atrasada. A la hora de comer todos dejaban que ella empezara primero porque, fuera que su plato era enorme, ella hacía cuestión de saborear cada cucharada, cada pedacito, cada gota de la salsa, cada hoja, grano, tajada, rodaja o migaja. Cerraba los ojos y entraba en una especie de éxtasis, recostando su espalda de colchón en la silla, que crujía y se curvaba, apenas aguantando todo ese peso. El resto de la familia -todos delgados y frenéticamente atléticos, aterrados de llegar a ser como la Patricia- comía en silencio, de cabeza gacha, y estremecía al escuchar los ruidos que la hija hacía al saborear la comida... No le pedían que ayudara a lavar los platos ni a hacer nada en la casa porque mientras ella estaba recién levantándose para ir a dejar la loza a la cocina o a buscar la escoba, los demás ya habían lavado, o barrido, o regado, o comprado el pan, o sacado al perro a pasear... La Patricia era demasiado lenta. "Despacio" parecía ser el lema de su existencia y le importaba un pito la exasperación que esto le causaba a los demás, que vivían corriendo, urgidos, estresados, cumpliendo horarios, metas, compromisos. Era algo que no tenía remedio y todos ya estaban resignados... Sin embargo, ya había algunos que sospechaban que, mismo que hubiera sido delgada, las cosas habrían sido iguales. Ser gorda era sólo una confirmación de este lema, porque así nadie podía apurarla ni criticarla por ser tan lenta, ya que este defecto era propio de las personas obesas. ¿Alguien ya se imaginó un flaco lento? A no ser que tuviera una anemia aguda... Pero, a pesar de todo esto, había algunas veces en que las personas miraban a la Patricia con una cierta envidia y secretamente deseaban ser así, gordas y "despacio", porque la prisa, la exigencia y las reglas sociales las estaban matando.
EL MILAGRO
Hoy ocurrió un milagro. Parece que ayer en la noche el monstruo de la esquina se manifestó por última vez. Se apagaron las luces, todos fueron saliendo, animados, bromeando, haciendo planes. Yo los escuché, como escucho todo, porque son tremendamente escandalosos y se gritan las cosas de un lado a otro... Entonces se hizo el silencio, ese que yo me pasó esperando el día entero. Ahora podía ver televisión, hablar por teléfono, asomarme al balcón a contemplar el paisaje, escuchar música clásica... No podía creerlo. Salí a la terraza y estiré el cuello para ver si había algún sonido, por menor que fuera. Nada. Sólo los perros de la comisaría y las campanas de la iglesia. Miré hacia el monstruo. Estaba obscuro, quieto, con sus dragones inmóviles y finalmente callados. Hasta parecían indefensos y tristes. Era realmente increíble: la construcción estaba silenciosa... Hasta el Lunes a las ocho de la mañana va a ser el paraíso en la tierra.
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